Biutiful o El Calvario de Uxbal

Biutiful, como el desgarrador filme sobre la adolescente obesa, Precious, es todo lo contrario de lo que sugiere su título: es horrible, o mejor dicho, esperpéntica.  Y es por eso que la cinta de Alejandro González Iñarritu está geográfica y artísticamente a años luz de las barriadas neoyorkinas de Precious, cuyas referencias comienzan y terminan ahí.

La película del mexicano tiene múltiples resonancias temáticas y estéticas, En su fealdad se asoman del Valle-Inclán y Goya. Y como ellos, la visión de su creador es implacable.  Iñarritu nos arrastra por la mugre, la pestilencia, la sangre, los mocos, los escupitajos de las calles sucias en los baños sucios de Barcelona. La cámara de Iñarritu no nos protege de nada, al contrario nos embarra, nos lastima y nos obliga a sentir el mundo como lo sienten sus personajes. El paisaje interior es aun más difícil de tolerar. Los seres humanos son corruptos, cínicos, desalmados. La podredumbre lo invade todo, hasta las mismas entrañas del protagonista que está muriendo de cáncer. Y esto es lo más desgarrador: la noción de que en ese mundo quedarán abandonados los dos pequeños hijos de Uxbal cuando él desaparezca.  

En el universo de Uxbal, todo tiene precio, todo se canjea en un descarado, impúdico intercambio de dinero donde hasta los seres humanos se negocian como mercancías. Los restos del padre valen algo, los inmigrantes se cotizan en euros, la única iluminación a la que se puede aspirar viene de la luz eléctrica. Todo es tan banal como el refrigerador que no funciona, y tan precario como el balance mental de la madre. En Biutiful nadie es inocente, no hay forma de mantenerse puro, pero el amor a sus hijos eleva y redime a Uxbal.

Cuando al presentarla en México Iñarritu comparó su película con Los Olvidados de Luis Buñuel causó un escándalo, pero hay efectivamente algo de lo Buñelesco en Biutiful. Primero, porque retoma el mito de la bondad intrínseca de los pobres: la miseria no ennoblece, más bien envilece el alma de quienes la padecen. “No confíes nunca en un tigre que tiene hambre”, le dice un policía a Uxbal “y menos si tiene un hijo con hambre”. Y segundo, el papel de la religión en los tiempos modernos. Pero si bien Biutiful nos muestra un mundo sin Dios, nos insinúa otra dimensión donde los muertos se comunican y donde ocurren los milagros. Los actos de intervención divina no se dan con un retumbe de tambores, sino con una casi imperceptible misericordia. La última canallada se libra por el milagro de un último acto de conciencia.  

El mérito de Biutiful se entiende cabalmente al final, cuando la película hace un círculo completo en la repetición de la primera escena.  Un hombre platica naderías con su hija. La primera vez que lo escuchamos, el dialogo se siente intrusivo, cursi y artificial porque fuimos arrojados a una intimidad forzada que resulta chocante por su falta de contexto. Sin embargo, esa misma escena repetida al final adquiere toda su magnífica dimensión. Ya para entonces hemos recorrido con Uxbal un viacrucis y entendemos perfectamente la dolorosa esencia de esa, al parecer, insignificante charla.

Al principio seguimos reticentemente a Uxbal, lo acompañemos a regañadientes en el recorrido de su sórdido calvario. Pero de pronto su suerte nos deja de ser ajena. Ese es el triunfo fundamental de la película y sobre todo de su protagonista. La descomunal presencia de Bardem nos incita a que fijemos la mirada. Con su presencia magnética, casi animal, Bardem le da el gravitas moral a la historia. Él es la historia. Sólo un actor como él, podría levantar la anécdota y elevarla a la altura de una parábola cristiana. El sufrimiento de Uxbal adquiere con Bardem un estado de gracia que trasciende lo meramente humano. Su calvario, es el de un Cristo. Su dolor es el de todos y es el que llevó a cuestas un sólo hombre en la tradición cristiana. Las referencias son imperceptibles, pasan inadvertidas, jamás se mencionan, pero están ahí: las imágenes religiosas en los cuadros que de pronto se vislumbran en alguna de las paredes. Aunque de ninguna manera lo hace explicito, Biutiful es en esencia un filme profundamente religioso.

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